Noticias
Salario mínimo vital y dignidad: el giro social de Colombia
Durante buena parte de la historia reciente, el salario mínimo en Colombia fue tratado como una variable secundaria, ajustada con cautela para no incomodar a los grandes intereses económicos, aun cuando millones de trabajadores veían deteriorarse su calidad de vida. En ese mismo período, sectores fundamentales para el país como la salud, el servicio militar y el cuidado comunitario fueron sostenidos sobre esquemas de precariedad que se normalizaron desde el poder.
Ese panorama comenzó a cambiar de manera estructural durante el mandato del presidente Gustavo Petro , cuando el salario mínimo dejó de entenderse solo como un indicador económico y comenzó a asumirse como un salario vital , es decir, como un piso mínimo para vivir con dignidad.
Los incrementos del salario mínimo durante el actual gobierno marcaron una diferencia clara frente a los gobiernos de derecha anteriores. Mientras en administraciones pasadas los aumentos se mantuvieron moderados y, en muchos casos, por debajo del impacto real del costo de vida, en los últimos años se impulsaron ajustes que buscaron recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores formales.
Este enfoque no solo beneficia a quienes devengan el salario mínimo, sino también a millones de personas cuyos ingresos, pensiones y transferencias están atadas a ese valor. El mensaje político fue claro: trabajar debe alcanzar para vivir, no apenas para sobrevivir.
Salud: el fin del trabajo gratuito
Uno de los cambios más significativos se dio en el sector salud. Por primera vez en la historia del país, los estudiantes internos de medicina comenzaron a recibir una remuneración equivalente a un salario mínimo, junto con seguridad social. Durante décadas, estos jóvenes cumplieron jornadas extenuantes en hospitales sin recibir ningún reconocimiento económico, una práctica tolerada y sostenida por gobiernos anteriores.
El reconocimiento del internado como trabajo en formación no solo corrigió una injusticia histórica, sino que envió un mensaje de fondo: cuidar la vida también es trabajo y merece dignidad.
Soldados y madres comunitarias: reconocer lo esencial
Un avance similar ocurrió con los jóvenes que prestan el servicio militar obligatorio . En gobiernos anteriores, su remuneración era simbólica y claramente insuficiente. Hoy, en 2026, los soldados reciben el 100% del salario mínimo , un cambio profundo frente al pasado reciente y una señal de respeto hacia quienes sirven en el país.
Las madres comunitarias , responsables del cuidado de la primera infancia en millares de barrios y veredas, también han sido incluidas de manera más decidida en políticas de reconocimiento laboral. Durante años fueron invisibilizadas bajo la idea de que su trabajo era vocacional; hoy se avanza hacia condiciones más justas y acordes con la importancia de su trabajo.
Colombia frente a América Latina
Este viraje social también se refleja en el plano regional. Durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez , Colombia se ubicaba en los rangos bajos o medios del salario mínimo en América Latina cuando se medía en dólares, lejos de los países con mejores ingresos básicos para sus trabajadores.
Con el salario mínimo vigente en 2026, Colombia se sitúa entre los cinco países con mayor salario mínimo de la región , superando a varias economías latinoamericanas y quedando por encima del promedio regional. Este ascenso en el ranking no es menor: evidencia una decisión política de priorizar el ingreso de las mayorías en un continente marcado por la desigualdad.
Mientras estos cambios han tomado forma en el mandato del gobierno Gustavo Petro, la oposición de derecha no ha logrado construir una alternativa social clara. En lugar de presentar propuestas en materia laboral, salud o cuidado, ha optado por la descalificación y la difamación contra la izquierda, sin responder a una pregunta central: ¿por qué durante sus gobiernos el trabajo esencial fue mal remunerado o directamente no remunerado?
En este contexto, el respaldo ciudadano a figuras como Iván Cepeda Castro candidato a la presidencia de la república de Colombia (2026- 2030) y quien representanta la izquierda en Colombia, es quien lidera encuestas frente a los candidatos de la derecha, refleja algo más profundo que una coyuntura electoral. Representa la posibilidad de dar continuidad a un proyecto político que puso la dignidad en el centro , frente a modelos que ya demostraron que no gobiernan para el pueblo si no para intereses mezquinos de nación..
Colombia atraviesa un momento de definición. El país que hoy se mira en el espejo regional ya no es el mismo que aceptaba la precariedad como destino. Es un país que ha comenzado a despertar en dignidad y soberanía , y que debate si avanzar en ese camino o retroceder a un pasado que dejó demasiadas deudas sociales.
Cultura
Bicentenario de la Reforma Educativa de 1826: la educación como camino para construir una Colombia que cuide la vida
Bogotá, julio de 2026. Este año Colombia conmemora el bicentenario del Plan General de Estudios de 1826, la primera gran reforma educativa impulsada por el gobierno de Francisco de Paula Santander, una iniciativa que sentó las bases de la educación pública republicana y consolidó una visión de país sustentada en el conocimiento, la ciencia y la formación ciudadana.
Su legado se puede resumir en tres principios: la educación como derecho y función del Estado, la formación científica como motor del progreso y la preparación de ciudadanos para la vida democrática y el servicio público.
Doscientos años después, esta fecha representa mucho más que un aniversario. Constituye una oportunidad para reflexionar sobre el papel que la educación ha desempeñado en la construcción de la nación y sobre los retos que aún enfrenta Colombia para superar las profundas desigualdades sociales, la violencia, la exclusión y las brechas que persisten entre el campo y la ciudad.
Cuando en 1826 se promulgó el Plan General de Estudios, el país apenas comenzaba a consolidarse como República. La mayoría de la población era analfabeta, existían muy pocas escuelas, la educación dependía principalmente de comunidades religiosas y el Estado necesitaba formar maestros, médicos, abogados, ingenieros, científicos y servidores públicos capaces de orientar el destino de la nueva nación.
Frente a ese panorama, Santander comprendió que la independencia alcanzada en los campos de batalla solo tendría sentido si estaba acompañada por una revolución del conocimiento. La educación debía convertirse en el instrumento para garantizar la libertad, fortalecer la democracia y construir ciudadanía.
La reforma de 1826 organizó por primera vez la educación primaria, secundaria y superior bajo la responsabilidad del Estado; impulsó la apertura de escuelas en las provincias; promovió la formación de maestros mediante nuevos métodos pedagógicos; fortaleció las universidades; incorporó las ciencias naturales, las matemáticas, la medicina, la ingeniería y el derecho como pilares del desarrollo nacional, y fomentó la investigación científica y el estudio de la riqueza natural del territorio colombiano.
Aquella visión transformó la educación en un derecho público y en un compromiso permanente con el futuro del país.
Dos siglos después, Colombia continúa enfrentando desafíos que exigen recuperar el espíritu transformador de aquella reforma. Persisten brechas educativas entre regiones, un gran porcentaje de estudiantes encuentran dificultades para acceder a oportunidades de calidad, muchas comunidades rurales siguen enfrentando limitaciones en conectividad, infraestructura y acceso al conocimiento, mientras la violencia continúa afectando territorios donde la escuela representa, muchas veces, el único espacio de esperanza.
Hoy resulta indispensable comprender que la educación no consiste únicamente en transmitir información. Educar significa formar ciudadanos capaces de convivir en la diferencia, resolver los conflictos mediante el diálogo, proteger la democracia, respetar la diversidad cultural, fortalecer la participación comunitaria y asumir el cuidado de la naturaleza como un compromiso ético con las generaciones presentes y futuras.
En una sociedad que durante décadas ha sufrido las consecuencias del conflicto armado, la desigualdad y la fragmentación social, la educación debe consolidarse como el principal escenario para construir confianza, reconciliación y paz. Cada aula puede convertirse en un espacio donde se aprenda a escuchar, a reconocer al otro, a valorar el conocimiento ancestral y científico, a desarrollar pensamiento crítico y a comprender que la vida, en todas sus manifestaciones, constituye el patrimonio más valioso de la nación.
La educación del siglo XXI también demanda integrar la ciencia, la tecnología, las artes, la comunicación, la innovación social y la protección de los ecosistemas. No habrá desarrollo sostenible si el conocimiento no está orientado a cuidar el agua, los bosques, la biodiversidad, los territorios y las comunidades que los habitan.
Por ello, este bicentenario representa un llamado nacional para fortalecer la educación pública, dignificar la labor de los docentes, impulsar la investigación científica, cerrar las brechas digitales, garantizar oportunidades para la juventud y promover modelos educativos que integren el conocimiento académico con los saberes comunitarios, campesinos, indígenas, afrodescendientes y populares.
Colombia necesita una educación que no solo prepare para el empleo, sino también para la convivencia, la solidaridad, la creatividad, la participación democrática y el cuidado de la vida.
Hace doscientos años, Santander entendió que ninguna nación puede sostener su libertad sin ciudadanos educados. Esa convicción mantiene hoy plena vigencia.
El mejor homenaje al Plan General de Estudios de 1826 no consiste únicamente en recordar su legado histórico. El verdadero homenaje será convertir la educación en el gran acuerdo nacional que permita superar definitivamente el atraso, cerrar las heridas de la violencia y proyectar una Colombia reconciliada consigo misma, orgullosa de su diversidad y comprometida con el cuidado de la vida en todas sus expresiones: la vida humana, la vida de los territorios, la vida de la naturaleza y la vida de las futuras generaciones.
Porque un país que educa es un país que protege la vida, fortalece la democracia y construye paz.
Eventos
Comunicar sin violencias: una tarea que también se aprende,se cuida y se sostiene desde la academia
Por: Paola Andrea Noreña Gil, Decana de la Facultad de Comunicación
Universidad Santo Tomás
Hay encuentros que no se agotan en la agenda que los convoca. Espacios que, más allá de reunir personas alrededor de una mesa, permiten reconocer la urgencia de volver sobre preguntas que atraviesan profundamente nuestro oficio: ¿cómo estamos narrando?, ¿a quiénes estamos escuchando?, ¿qué violencias seguimos reproduciendo cuando informamos, enseñamos, investigamos o tomamos decisiones?, ¿qué lugar ocupa la comunicación cuando se trata de cuidar la vida, la dignidad y la palabra de las mujeres?
Desde estas preguntas participé en el segundo desayuno “Salas de redacción: comunicación con enfoque de género, periodismo sin violencias”, convocado por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género, de la cual hago parte como miembro activa. Fue un espacio de diálogo entre medios de comunicación, universidades, organizaciones de la sociedad civil, cooperación y entidades del Estado, orientado a seguir dando vida al Acuerdo colectivo por una comunicación y periodismo libres de violencias contra las mujeres.
Lo valioso de la jornada estuvo, justamente, en no quedarse únicamente en la constatación de un problema que ya conocemos; las violencias contra mujeres periodistas, comunicadoras y estudiantes no son episodios aislados ni asuntos que puedan resolverse desde gestos individuales de buena voluntad, son expresiones de culturas organizacionales, prácticas profesionales, relaciones de poder y silencios institucionales que requieren ser nombrados, comprendidos y transformados.
Por eso, el encuentro propuso un ejercicio necesario: pasar de la conversación al compromiso y del compromiso a la acción. En mi participación como Decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad Santo Tomás, acompañé uno de los momentos metodológicos de la jornada, orientado a reconocer las percepciones de las organizaciones participantes frente a tres asuntos centrales: el nivel de avance en acciones relacionadas con comunicación con enfoque de género, la relevancia del tema y la posibilidad real de aportar con planes de trabajo concretos.
Los resultados dejaron una lectura importante. Existe una alta conciencia sobre la urgencia de este tema y una disposición significativa para actuar; sin embargo, los avances institucionales todavía requieren mayor sistematicidad, continuidad y seguimiento. Esta distancia entre lo que reconocemos como necesario y lo que logramos sostener en la práctica nos interpela directamente, y a su vez nos recuerda que no basta con declarar compromisos: es preciso construir rutas, cuidar procesos, abrir conversaciones difíciles y generar condiciones para que la transformación no dependa solo de voluntades individuales.
El trabajo por mesas permitió ampliar esa lectura y las personas participantes propusieron acciones relacionadas con formación, sensibilización, protocolos, investigación, veeduría, producción de datos, comunicación pública y alianzas intersectoriales. Surgieron ideas orientadas a crear grupos de intercambio de experiencias e investigaciones, fortalecer rutas de atención, socializar protocolos, producir narrativas multiformato, visibilizar mujeres como fuentes expertas y consolidar mecanismos de seguimiento que permitan que lo acordado no trascienda después del encuentro.
Desde la Facultad de Comunicación, este diálogo tiene una resonancia particular, bien sabemos que formar comunicadoras y comunicadores implica mucho más que enseñar técnicas, lenguajes, formatos o plataformas, supone acompañar la construcción de una mirada ética sobre el mundo desde un anclaje humanista; una mirada capaz de reconocer que toda práctica comunicativa produce sentidos, distribuye visibilidad, legitima voces pero también puede reproducir daños; por eso, hablar de enfoque de género en la comunicación no es añadir un tema a la agenda formativa: es preguntarnos por el corazón mismo del oficio.
Comunicar con enfoque de género exige revisar las palabras, las fuentes, los silencios, las imágenes y las decisiones editoriales. Exige preguntarnos por las mujeres que han sido convertidas en cifra, en caso, en titular o en relato fugaz, y también por aquellas cuyas voces no han encontrado lugar suficiente en las agendas públicas; demanda reconocer que la comunicación y el periodismo pueden contribuir a la reparación simbólica, al cuidado de la memoria y a la construcción de entornos más dignos, pero también pueden profundizar estigmas, revictimizar o naturalizar las violencias.
En ese sentido, la participación de la Universidad Santo Tomás en esta jornada reafirma una convicción que atraviesa nuestro proyecto académico: la comunicación tiene una dimensión profundamente humanista. No se trata solo de informar mejor, sino de comprender mejor las vidas que son narradas, los territorios desde donde se habla, las desigualdades que configuran la experiencia social y las responsabilidades que asumimos cuando formamos a quienes mañana estarán en las salas de redacción, en las organizaciones, en las comunidades, en los medios públicos, privados, alternativos o digitales.
El desayuno dejó una certeza compartida: un periodismo sin violencias no se decreta; se construye. Se construye en las aulas, en los manuales de estilo, en los protocolos, en las decisiones editoriales, en las fuentes que buscamos, en las preguntas que formulamos, en las rutas de atención que activamos, en las investigaciones que impulsamos y en las alianzas que somos capaces de sostener.
Por eso, más que cerrar una jornada, este encuentro abrió una responsabilidad, la de seguir tejiendo, desde la academia y junto con otros sectores, condiciones para que la comunicación sea un lugar de reconocimiento y no de daño; un espacio donde la palabra de las mujeres no sea silenciada, instrumentalizada o violentada, sino escuchada en su dignidad, en su fuerza y en su potencia transformadora.
La Facultad de Comunicación de la Universidad Santo Tomás seguirá acompañando estos procesos, convencidas y convencidos de que comunicar con enfoque de género no es una tarea marginal ni una consigna coyuntural, es una forma de asumir el oficio, de formar nuevas generaciones y de participar en la construcción de un país que necesita narrarse sin reproducir las violencias que todavía lo atraviesan.
Cultura
Vía3TV lidera un proceso de articulación comunitaria e institucional que fortalece los emprendimientos y el tejido social en Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires
Bogotá D. C., 13 de mayo de 2026 — En el corazón de Bogotá, donde diariamente circulan más de 1,3 millones de personas entre habitantes, visitantes y turistas de todo el mundo, nace una apuesta colectiva que busca transformar la manera de habitar, reconocer y fortalecer el centro de la ciudad.
Las localidades de Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires vienen consolidando un proceso comunitario alrededor de las llamadas Economías Vivas, una iniciativa que reconoce, dignifica y fortalece el trabajo de mujeres y hombres que, a través de sus saberes, oficios, artesanías, gastronomía, arte y emprendimientos, sostienen sus medios de vida y aportan a la construcción cultural, social y económica del centro de Bogotá.
Más que impulsar economías locales, este proceso busca regenerar el territorio desde el encuentro, la cooperación y el reconocimiento de quienes históricamente han construido ciudad desde las bases comunitarias. En ese camino nace la marca territorial “Localidad de Santa Fe, Calidad Local”, una identidad colectiva que visibiliza el potencial humano, cultural y productivo de la localidad y propone una nueva manera de fortalecer el territorio desde lo comunitario, lo solidario y lo regenerativo.

Este proceso es liderado por el movimiento de la Vía3Tv, que, a través de su modelo de comunicación regenerativa, ha impulsado la creación de la Red Economías Vivas, entendiendo la comunicación no solo como una herramienta para informar, sino también como una posibilidad de conectar procesos comunitarios, fortalecer medios de vida, reconstruir confianza y tejer relaciones sociales, culturales y económicas alrededor del cuidado del territorio.
El lanzamiento del Primer Encuentro de Economías Vivas marcará además el nacimiento de la Mesa Centro de Bogotá de la Red Economías Vivas, una plataforma de articulación comunitaria que buscará unir emprendimientos, organizaciones sociales, institucionalidad y sector privado para construir acciones conjuntas que fortalezcan el desarrollo local desde las realidades y necesidades de las comunidades.
Durante más de tres meses, Vía3Tv promovió una mesa intersectorial respaldada por la Unidad Solidaria, en la que participaron entidades como el Ministerio de Igualdad y Equidad, el Departamento para la Prosperidad Social y el Grupo Bicentenario. Esta articulación permitió generar un espacio de encuentro entre instituciones y emprendimientos locales, especialmente liderados por mujeres de las tres localidades, consolidando así una apuesta comunitaria alrededor de la marca “Localidad de Santa Fe, Calidad Local”.

El proceso también permitió fortalecer la relación entre comunidad e institucionalidad, así como crear estrategias para mejorar la visibilidad y comercialización de productos y servicios nacidos en el centro de Bogotá. Uno de los resultados más significativos fue la elaboración de 400 kits promocionales, impulsados con el apoyo del Ministerio de Igualdad y Equidad, destinados a visibilizar las iniciativas productivas y comunitarias que hacen parte de este nodo de Economías Vivas.
Más allá del fortalecimiento económico, esta apuesta busca romper estigmas históricos sobre el centro de la ciudad, promoviendo una mirada donde la solidaridad, el trabajo colectivo y la construcción de paz sean protagonistas. En un país marcado por la polarización y la violencia, estas iniciativas demuestran que existen comunidades organizadas capaces de construir esperanza, arraigo y nuevas formas de vivir bien en la ciudad.
Las localidades de Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires reafirman así su compromiso de seguir trabajando de manera articulada alrededor de las Economías Vivas, convocando a organizaciones, emprendimientos e instituciones a sumar esfuerzos para consolidar el centro de Bogotá como una potencia comunitaria, cultural y económica basada en el cuidado de la vida, las sinergias territoriales y la sustentabilidad.
Por su parte, Vía3Tv continúa posicionándose como un actor clave en la construcción de procesos de comunicación comunitaria y regenerativa, demostrando que cuando la comunicación se conecta con las necesidades reales de los territorios, puede convertirse en una herramienta para fortalecer el tejido social y movilizar transformaciones colectivas.
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