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Cultura

Sembrando Esperanza: Las Semillas de la Comunicación en el Cauca

Viviana Vasquez Duque

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Entre los retumbos de la violencia en algunos rincones del Cauca, hallé una luz de esperanza que brillaba con una intensidad única. Así se desplegó mi travesía por este departamento singular, un refugio que ha tejido sus raíces en lo más profundo de mi ser. Cada visita es un viaje de aprendizaje, un encuentro con la sabiduría que me guía de vuelta a mi camino con una claridad renovada sobre mis sueños más profundos y el amor que nutre mi existencia, impregnándome además con una convicción inquebrantable sobre mi propósito vital.

Mientras el eco ensordecedor de la guerra sigue resonando en áreas colindantes, en otros rincones, la vida y los sueños bailan al ritmo alegre de la infancia. La magia de un proceso encabezado por padres valerosos y, sobre todo, por los niños, se reveló ante mis ojos como un milagro viviente. Estos padres, decididos a proteger a sus hijos del flagelo de la violencia, sembraron desde temprana edad las semillas de la Comunicación Propia.

Conocí a estos niños en el año 2020, cuando aún gateaban, pero su determinación los impulsaba a gritar con fervor inquebrantable: «Guardia, Guardia… Fuerza, Fuerza». Desde su nacimiento, los niños indígenas de la vereda Santa Rosa, en el municipio de Inzá, se erigen como guardianes y defensores de la vida. Su propósito es sembrar en la tierra fértil de la infancia una cultura de cuidado, de vida y de paz en el territorio. Así, incuban líderes capaces de gestar transformaciones reales sin recurrir a las armas.

Este proceso es verdaderamente único, pues la alegría, el eco de risas y la espontaneidad cobran vida a medida que descubren tus verdaderas intenciones. Los niños cantan, saltan, corren, hacen bromas, bailan y escalan árboles, envolviéndote en un torbellino de gracia, ternura y astucia. Te ves absorbido por su energía contagiosa, y es entonces cuando te das cuenta de que el verdadero propósito del viaje son ellos. Así, te sumerges en su propia realidad, en un viaje fascinante hacia la esencia misma de la comunicación propia.

Entonces, me dirigí a uno de los niños y le pregunté: «¿Qué significa para ti la comunicación propia?» Sin dudar, respondió con una sabiduría que trascendía su corta edad: «Es aquella que nos permite caminar en armonía con nuestra tierra, donde nos sentimos orgullosos de nuestra identidad, donde nos conectamos con la naturaleza y preservamos nuestras raíces. Nosotros estamos construyendo una educación para la vida, una que nos enseña a pervivir y a convivir en paz con los demás».

Luego, me acerqué a sus padres y les hice otra pregunta: «¿Cuál es su sueño para sus hijos?» Con una mirada llena de determinación, respondieron al unísono: «Nuestro sueño es que nunca toquen un arma y que se conviertan en grandes líderes que traigan desarrollo, paz y oportunidades a esta tierra. No queremos que ningún joven tenga que enfrentarse a la guerra. Nosotros, como padres, no trajimos hijos al mundo para la violencia».

Al reflexionar sobre las palabras tanto de estos padres como de los niños, se evidencia la profunda conexión con la comunicación propia, que no solo facilita la relación con el entorno, sino que también se sustenta en dos valores fundamentales. Por un lado, permite a las comunidades expresar sus necesidades y preocupaciones en un contexto más amplio, fortaleciendo así la defensa del territorio. Por otro lado, la comunicación propia se convierte en un elemento político organizativo que teje vínculos sólidos desde los territorios, promoviendo el empoderamiento local y la cohesión social incluyendo a la familia en todo el proceso.

Sin embargo, la falta de entendimiento por parte de la institucionalidad hacia los territorios, crea una brecha profunda que separa las realidades locales de las decisiones políticas y administrativas. Este distanciamiento perpetúa un ciclo de desconexión y desconfianza entre las comunidades y las autoridades, lo que dificulta enormemente la implementación efectiva de políticas y programas destinados al desarrollo y bienestar de dichos territorios. La falta de comprensión de las necesidades específicas y las dinámicas culturales propias de cada región conduce a soluciones genéricas e inadecuadas que no abordan las verdaderas problemáticas que enfrentan las comunidades.

El desencuentro entre las instituciones y las comunidades locales se manifiesta también en la escasa apertura al diálogo y la falta de consulta con los actores locales. Esta falta de interacción debilita la legitimidad de las acciones gubernamentales y obstaculiza la posibilidad de encontrar soluciones colaborativas y sostenibles para los desafíos que enfrentan las comunidades en sus territorios. Por ello, es fundamental que las instituciones reconozcan y valoren la experiencia y el conocimiento local, integrándolos de manera activa en el diseño e implementación de políticas y programas. Solo a través de un enfoque inclusivo y participativo podemos superar esta brecha y avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible y equitativo en todas las regiones.

No obstante, antes de zarpamos hacia cualquier estrategia de desarrollo o promoción de medios de vida, nos corresponde indagar si hemos erigido los cimientos adecuados para edificar una sociedad donde la comunicación sea el vínculo que nos una en vez de la muralla que nos divida. ¿Será que la comunicación constituye la senda auténtica que debemos transitar antes de emprender el camino hacia la paz o el desarrollo? ¿Acaso nos falta reconocer la humanidad que late en el otro, incluso en medio del conflicto? Quizás aún no vislumbramos en toda su magnitud la importancia esencial de la comunicación propia en la trama social y el desarrollo duradero de nuestras comunidades. Son las comunidades quienes nos instruyen y nos muestran los caminos, incitándonos a reflexionar y preguntarnos si hemos cimentado los fundamentos apropiados para construir una sociedad donde la comunicación sea el vehículo que nos guíe hacia un horizonte de paz y prosperidad.

Indudablemente, la verdadera metamorfosis arranca desde el interior, en el seno de nuestras comunidades, donde la escucha atenta, el diálogo inclusivo y el reconocimiento de la humanidad en el otro se transforman en los pilares sobre los que se levanta un porvenir promisorio.

Deseo extender mi más sincero agradecimiento al inspirador proceso de comunicación de Kiwethegsawesx Luucs, así como a sus asombrosos niños, y a sus valientes padres y dedicados docentes, quienes actúan como sembradores incansables de vida, esperanza y sueños. Su labor incansable y su compromiso inquebrantable son estrellas en nuestro camino hacia un futuro lleno de posibilidades y bienestar.

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Cultura

Lanzan el Primer Encuentro de Economías Vivas del Centro de Bogotá bajo la marca “Localidad de Santa Fe, Calidad Local”

Viviana Vasquez Duque

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  • Localidad de Santa Fe, Calidad Local, una iniciativa local que articula y moviliza el Primer Encuentro de Economías Vivas desde el corazón del centro de Bogotá.
  • En el encuentro se conformará la Mesa Centro de Bogotá de la Red Economías Vivas, una plataforma que dará continuidad al proceso y permitirá la articulación entre comunidades, sector privado e institucionalidad para construir soluciones desde las bases comunitarias.

Bogotá 7 de mayo de 2026. En la localidad de Santa Fe está ocurriendo algo que no nació desde un escritorio ni desde una agenda institucional. Nació desde la comunidad.

El Primer Encuentro de Economías Vivas — Localidad de Santa Fe, Calidad Local surge como una apuesta liderada por mujeres, hombres, organizaciones sociales, emprendimientos y procesos comunitarios liderado por el movimiento Escuela de Comunicación Vía3Tv, un ecosistema de comunicación regenerativa que ha entendido que comunicar también es convocar, tejer confianza y movilizar acciones concretas para la vida colectiva.

Desde esa convicción, la comunidad decidió encontrarse para reconocerse, visibilizar sus capacidades productivas y culturales, y construir una agenda propia que responda a las realidades del territorio. Más que una feria, este proceso representa una forma distinta de construir desarrollo: desde abajo, desde lo cotidiano y desde el vínculo entre quienes habitan el centro de Bogotá.

Gracias a ese liderazgo comunitario fue posible articular a instituciones y aliados estratégicos como la Unidad Solidaria, el Ministerio de Igualdad y Equidad y Prosperidad Social, consolidando una experiencia en la que la institucionalidad se suma a una iniciativa que nace desde las bases comunitarias y no desde los piramidal.

“Las alianzas fueron claves para cohesionar la institucionalidad con las comunidades locales. No podemos seguir pensando en lo piramidal. Necesitamos generar acercamientos que reconozcan no solo las problemáticas, sino que permitan cocrear acciones conjuntas para transformaciones reales”, afirmó Héctor Tocarema.

La marca Localidad de Santa Fe, Calidad Local recoge precisamente ese espíritu: reconocer que en los territorios existen saberes, economías, prácticas culturales y capacidades organizativas que sostienen la vida y que pueden convertirse en motor de autonomía, arraigo y regeneración social.

Desde la mirada de Vía3Tv, este proceso también reafirma que la comunicación regenerativa es un eje transversal del cambio territorial. Porque comunicar no es solo informar. Es volver a mirarnos, reconocernos, reconstruir confianza y activar vínculos sociales, culturales y económicos que han sido fragmentados por años de exclusión y violencia.

El encuentro de lanzamiento, que se realizará el próximo martes 12 de mayo a las 9:00 a. m. en la Unidad Solidaria, Crr 10 No 15 – 22, reunirá emprendimientos y organizaciones de Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires, y marcará además el inicio de la Mesa Centro de Bogotá de la Red Economías Vivas, una plataforma de articulación entre comunidades, sector privado e institucionalidad para construir soluciones desde las bases locales.

Este no es un evento aislado. Es la expresión de una comunidad que decidió organizarse para hacer visible que el desarrollo también puede pensarse desde la cercanía, la cooperación y la fuerza de lo colectivo.

Para mayor información, comuníquese al WhatsApp: 313 3547951

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Cultura

ECOOVIDA 2026 llega a Cartagena: el Caribe será escenario del encuentro internacional sobre economías centradas en la vida

Viviana Vasquez Duque

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  • El evento se realizará del 21 al 23 de febrero en el Centro Agroempresarial y Minero del SENA Regional Bolívar, en Ternera, en el contexto de la Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20).

  • Agroecología, cooperativismo, mercados solidarios y gestión comunitaria del agua estarán en el centro de las discusiones sobre modelos económicos basados en trabajo digno y soberanía alimentaria.

Bogotá, 16 de febrero de 2026

En un momento en que el debate global sobre tierra y desarrollo rural gana protagonismo, el Caribe colombiano se prepara para recibir uno de los espacios que buscan trasladar la discusión económica internacional al terreno de las experiencias comunitarias. Entre el 21 y el 23 de febrero, Cartagena de Indias será sede de ECOOVIDA 2026 —el Encuentro Internacional de Economías para la Vida—, que reunirá organizaciones sociales, academia, instituciones públicas y redes internacionales.

Las sesiones centrales se desarrollarán en el Centro Agroempresarial y Minero del SENA Regional Bolívar, en el sector de Ternera, mientras que la Feria de Economías para la Vida tendrá lugar en la plaza principal de Turbaco. El diseño del encuentro busca conectar el debate técnico con prácticas productivas y comunitarias, ampliando la participación más allá de los espacios institucionales.

Organizado por el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social, el encuentro se plantea como una plataforma para visibilizar experiencias económicas construidas desde los territorios. Su director, Mauricio Amaya, señaló que la apuesta es “poner en diálogo iniciativas locales con escenarios internacionales para fortalecer políticas que reconozcan el trabajo digno y la soberanía alimentaria como ejes del desarrollo”.

La convocatoria coincide con un momento clave para Colombia, anfitriona de la Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), donde se discutirán temas como gobernanza de la tierra y sistemas alimentarios. En ese contexto, ECOOVIDA se proyecta como antesala social y territorial, incorporando propuestas de comunidades campesinas, organizaciones solidarias y redes étnicas a una agenda internacional más amplia.

El proceso que dio origen al encuentro comenzó en 2024 con la firma del Pacto Internacional de Economías para la Vida. A diferencia de foros centrados en indicadores macroeconómicos, ECOOVIDA sitúa la discusión en prácticas existentes tanto en zonas rurales como urbanas: producción agroecológica, circuitos de comercialización directa, asociatividad productiva y gestión comunitaria de bienes comunes como el agua y la tierra.

Este enfoque surge en un escenario global marcado por tensiones sobre el uso del territorio, desigualdad y desafíos en el acceso a alimentos. Desde la perspectiva de Mauricio Amaya, el interés no se limita a cuestionar modelos económicos dominantes, sino a identificar alternativas aplicables a la formulación de políticas públicas en inclusión productiva y economía solidaria.

Delegaciones de América Latina y Europa participarán en intercambios sobre cooperación económica y gobernanza rural, lo que abre la posibilidad de proyectar experiencias locales en escenarios regionales. Aun así, la efectividad de este tipo de encuentros suele generar interrogantes sobre su impacto real. Sus organizadores sostienen que el alcance deberá medirse en resultados concretos —como la Declaración ECOOVIDA 2026— y en las alianzas que se consoliden tras el evento.

Más allá de su agenda inmediata, el encuentro plantea una pregunta de fondo: quién define la economía y desde qué experiencias se construye. En Cartagena y Turbaco, la apuesta será que esa conversación parta de prácticas cotidianas de comunidades y organizaciones que sostienen la producción, el abastecimiento y la vida en los territorios.

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Cultura

Gobierno Nacional crea más de 2.300 cargos y avanza en la formalización laboral del ICBF

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  • El decreto crea 2.353 cargos de trabajadores oficiales, avanzando en la formalización laboral de madres comunitarias y personal de hogares infantiles y comunitarios.
  • Los cargos se otorgarán de manera progresiva, según la disponibilidad presupuestal.

Bogotá, D. C., 30 de diciembre de 2025 — En el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026 Colombia Potencia Mundial de la Vida, el Gobierno nacional expidió el Decreto 1398 de 2025, mediante el cual se crean 2.353 cargos de trabajadores oficiales en la planta de personal del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) Cecilia de la Fuente de Lleras.
La medida se fundamenta en los principios del derecho laboral establecidos en la Constitución Política, como la igualdad de oportunidades, la estabilidad en el empleo y el acceso a la seguridad social. Asimismo, da cumplimiento al artículo 68 de la Reforma Laboral, Ley 2466 de 2025, que ordena la formalización laboral de las madres comunitarias y de las y los trabajadores de hogares infantiles, priorizando su vinculación como trabajadores oficiales.
La creación de estos cargos fue el resultado de un trabajo articulado entre el ICBF, el Ministerio de Trabajo y el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE), y contó con el respaldo técnico del Departamento Administrativo de la Función Pública, así como con la viabilidad presupuestal del Ministerio de Hacienda y Crédito.
De acuerdo con el decreto, la provisión de los cargos se hará de manera progresiva y gradual, según la disponibilidad de recursos y los marcos fiscales definidos para cada vigencia. Este proceso permitirá que un número creciente de madres dejen la vinculación tercerizada para integrarse directamente a la planta de personal del ICBF, con mayores garantías laborales.
Actualmente, en Colombia son 40.469 mujeres y hombres se desempeñan como madres y padres comunitarios, brindando atención a 454.531 niñas, niños y adolescentes en todo el país.
Con esta medida, el Gobierno del Cambio reafirma su compromiso con la dignificación del empleo público y el reconocimiento de quienes cuidan y protegen a la niñez en Colombia.

 

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