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Cultura

Ati Dumizay: Empoderamiento de la mujer indígena en el desarrollo comunitario

Yunis Patricia Castro

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Entre hilos que cuentan una historia y un producto innovador así se mueve Ati Dumizay, como es conocida en la lengua Iku, registrada como Yasmin Ortíz, una mujer perteneciente a la etnia arhuaca, nacida en Pueblo Bello, Cesar. Esta madre, emprendedora y estudiante de Comunicación Social, ha sido desde muy joven un referente para el desarrollo de su comunidad.

El desarrollo de las comunidades se promueve a través de diferentes factores y acciones que abordan procesos sociales, culturales y ambientales, lo que implica trabajar conjuntamente para mejorar la calidad de vida, garantizando bienestar en todos los aspectos. Para garantizar su bienestar, por años las comunidades indígenas han encontrado en su legado ancestral y su linaje de sabiduría formas y modos de vida que se mantienen, sin cerrarle las puertas a los cambios de la sociedad actual, aprovechando los contextos y escenarios para visibilizar su conocimiento, su cultura e importancia en la construcción de sociedad. En consecuencia, el arte de tejer ha ganado importancia a través de los años, como un icono de reconocimiento e intercambio intercultural, gracias a líderes como la protagonista de este artículo.  

Yasmín, también conocida como «Ati Dumizay», relata cómo el arte de tejer tiene un profundo significado ancestral y es uno de los oficios que se aprenden desde la infancia. «A la edad de tres años nos entregan una aguja en lugar de una muñeca», menciona con gran orgullo. Desde ese momento, se inicia la construcción de narrativas a través de canciones transmitidas por las sabedoras, madres y abuelas mientras se aprende el arte de tejer. Se les enseña que a partir de ese momento, esa aguja se convertirá en la herramienta que tejerá su camino.

Y es que el arte de tejer en las comunidades indígenas no solo representa una habilidad transmitida de generación en generación, sino que también desempeña un papel crucial en el desarrollo comunitario. A través del tejido, se fortalecen los lazos culturales y sociales dentro de la comunidad, se preservan las tradiciones, se fomenta un sentido de identidad y pertenencia. Esta práctica plasma la cosmovisión de una comunidad, al ser una forma de comunicarse con la vida, la naturaleza y el mundo, ya que cada elemento que se teje cuenta una historia.

La tejeduría no solo implica la creación de hermosas piezas textiles, con una carga simbólica que promueve su identidad cultural, sino que también es un proceso que fomenta la colaboración y el trabajo en equipo. En muchas comunidades indígenas, el tejido se realiza de manera colectiva y estos son espacios de interacción donde se comparten conocimientos, técnicas y experiencias.

Por otro lado, tiene un impacto económico en estas comunidades, ya que las piezas tejidas se convierten en una fuente de ingresos para las familias, contribuyendo así a la economía local, al emprendimiento y la autonomía financiera de las mujeres y sus familias.

Por razones como estas por más de 12 años, Ati ha impulsado la economía de su comunidad y la identidad cultural a través de su empresa familiar Dumizay, en la que cuenta con la participación de sus hijos, su esposo y otros familiares que apoyan diferentes procesos. La empresa maneja tres líneas. Por un lado, está el turismo, funcionando como agencia de viaje, que ofrece recorridos en los corregimientos de Pueblo bello, Cesar. Por otro, está la realización y comercialización de artesanías en las que participan varias mujeres de su comunidad, compuestas por generaciones, grupo que asciende en ocasiones hasta treinta mujeres, quienes transforman la lana de ovejo en majestuosos accesorios. Por último, una nueva apuesta, un producto innovador como le dice a las barras energéticas de banano que comercializa.

Su pasión por preservar el bienestar de los suyos, la llevó a dar un siguiente paso hacia los productos deshidratados, las barras energéticas de banano se crearon con la idea de aprovechar la disponibilidad permanente de la materia prima (el banano o guineo) y su relevancia en la gastronomía local.  Esta idea se gestó como un proyecto productivo que actualmente beneficia a más de ocho familias directas y otras de forma indirecta de las cuales aún no se encuentra registro estipulado, pero que está compuesto por un grupo significativo de prestadores de servicios locales.

Yasmín menciona que de acuerdo con su caracterización e investigación son los únicos que están desarrollando este producto con un gran valor nutricional, pensado para un público diverso con necesidades funcionales, pero que a su vez mantiene opciones para todo público. Las barras energéticas además de sus propiedades son un testimonio de ingenio y creatividad de las comunidades indígenas que se han tenido que adaptar a las nuevas dinámicas de la sociedad contemporánea y es un recordatorio que demuestra como las tradiciones ancestrales se pueden fusionar con la innovación para crear un futuro próspero y equitativo con prácticas comerciales sostenibles, un ejemplo de ello  es su nuevo emprendimiento, el cual ha sido certificado por el servicio Nacional de aprendizaje, SENA, como negocio verde al aprovechar la materia prima en su totalidad.

Cultura

ECOOVIDA 2026 llega a Cartagena: el Caribe será escenario del encuentro internacional sobre economías centradas en la vida

Viviana Vasquez Duque

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  • El evento se realizará del 21 al 23 de febrero en el Centro Agroempresarial y Minero del SENA Regional Bolívar, en Ternera, en el contexto de la Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20).

  • Agroecología, cooperativismo, mercados solidarios y gestión comunitaria del agua estarán en el centro de las discusiones sobre modelos económicos basados en trabajo digno y soberanía alimentaria.

Bogotá, 16 de febrero de 2026

En un momento en que el debate global sobre tierra y desarrollo rural gana protagonismo, el Caribe colombiano se prepara para recibir uno de los espacios que buscan trasladar la discusión económica internacional al terreno de las experiencias comunitarias. Entre el 21 y el 23 de febrero, Cartagena de Indias será sede de ECOOVIDA 2026 —el Encuentro Internacional de Economías para la Vida—, que reunirá organizaciones sociales, academia, instituciones públicas y redes internacionales.

Las sesiones centrales se desarrollarán en el Centro Agroempresarial y Minero del SENA Regional Bolívar, en el sector de Ternera, mientras que la Feria de Economías para la Vida tendrá lugar en la plaza principal de Turbaco. El diseño del encuentro busca conectar el debate técnico con prácticas productivas y comunitarias, ampliando la participación más allá de los espacios institucionales.

Organizado por el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social, el encuentro se plantea como una plataforma para visibilizar experiencias económicas construidas desde los territorios. Su director, Mauricio Amaya, señaló que la apuesta es “poner en diálogo iniciativas locales con escenarios internacionales para fortalecer políticas que reconozcan el trabajo digno y la soberanía alimentaria como ejes del desarrollo”.

La convocatoria coincide con un momento clave para Colombia, anfitriona de la Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), donde se discutirán temas como gobernanza de la tierra y sistemas alimentarios. En ese contexto, ECOOVIDA se proyecta como antesala social y territorial, incorporando propuestas de comunidades campesinas, organizaciones solidarias y redes étnicas a una agenda internacional más amplia.

El proceso que dio origen al encuentro comenzó en 2024 con la firma del Pacto Internacional de Economías para la Vida. A diferencia de foros centrados en indicadores macroeconómicos, ECOOVIDA sitúa la discusión en prácticas existentes tanto en zonas rurales como urbanas: producción agroecológica, circuitos de comercialización directa, asociatividad productiva y gestión comunitaria de bienes comunes como el agua y la tierra.

Este enfoque surge en un escenario global marcado por tensiones sobre el uso del territorio, desigualdad y desafíos en el acceso a alimentos. Desde la perspectiva de Mauricio Amaya, el interés no se limita a cuestionar modelos económicos dominantes, sino a identificar alternativas aplicables a la formulación de políticas públicas en inclusión productiva y economía solidaria.

Delegaciones de América Latina y Europa participarán en intercambios sobre cooperación económica y gobernanza rural, lo que abre la posibilidad de proyectar experiencias locales en escenarios regionales. Aun así, la efectividad de este tipo de encuentros suele generar interrogantes sobre su impacto real. Sus organizadores sostienen que el alcance deberá medirse en resultados concretos —como la Declaración ECOOVIDA 2026— y en las alianzas que se consoliden tras el evento.

Más allá de su agenda inmediata, el encuentro plantea una pregunta de fondo: quién define la economía y desde qué experiencias se construye. En Cartagena y Turbaco, la apuesta será que esa conversación parta de prácticas cotidianas de comunidades y organizaciones que sostienen la producción, el abastecimiento y la vida en los territorios.

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Cultura

Gobierno Nacional crea más de 2.300 cargos y avanza en la formalización laboral del ICBF

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  • El decreto crea 2.353 cargos de trabajadores oficiales, avanzando en la formalización laboral de madres comunitarias y personal de hogares infantiles y comunitarios.
  • Los cargos se otorgarán de manera progresiva, según la disponibilidad presupuestal.

Bogotá, D. C., 30 de diciembre de 2025 — En el marco del Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026 Colombia Potencia Mundial de la Vida, el Gobierno nacional expidió el Decreto 1398 de 2025, mediante el cual se crean 2.353 cargos de trabajadores oficiales en la planta de personal del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) Cecilia de la Fuente de Lleras.
La medida se fundamenta en los principios del derecho laboral establecidos en la Constitución Política, como la igualdad de oportunidades, la estabilidad en el empleo y el acceso a la seguridad social. Asimismo, da cumplimiento al artículo 68 de la Reforma Laboral, Ley 2466 de 2025, que ordena la formalización laboral de las madres comunitarias y de las y los trabajadores de hogares infantiles, priorizando su vinculación como trabajadores oficiales.
La creación de estos cargos fue el resultado de un trabajo articulado entre el ICBF, el Ministerio de Trabajo y el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE), y contó con el respaldo técnico del Departamento Administrativo de la Función Pública, así como con la viabilidad presupuestal del Ministerio de Hacienda y Crédito.
De acuerdo con el decreto, la provisión de los cargos se hará de manera progresiva y gradual, según la disponibilidad de recursos y los marcos fiscales definidos para cada vigencia. Este proceso permitirá que un número creciente de madres dejen la vinculación tercerizada para integrarse directamente a la planta de personal del ICBF, con mayores garantías laborales.
Actualmente, en Colombia son 40.469 mujeres y hombres se desempeñan como madres y padres comunitarios, brindando atención a 454.531 niñas, niños y adolescentes en todo el país.
Con esta medida, el Gobierno del Cambio reafirma su compromiso con la dignificación del empleo público y el reconocimiento de quienes cuidan y protegen a la niñez en Colombia.

 

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Cultura

Cuando lo gratuito sale caro: la trampa de la vocación en los territorios

Viviana Vasquez Duque

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Siempre surge la pregunta del millón, ¿Cómo te sostienes en la organización? La respuesta surge en automático: Aquí todo es gratuito.

No cobramos por enseñar a narrar el territorio, ni por tejer la palabra con los pueblos, ni por abrir los micrófonos a quienes nunca han tenido voz.

No cobramos porque creemos en lo que hacemos. Pero lo que no se ve —o no se quiere ver— es quién paga el precio de esa gratuidad.

Desde hace más de 13 años, Vía3Tv ha sostenido con dignidad y terquedad un movimiento llamado Escuela de Comunicación Vía3Tv que no solo informa: regenera e impulsa los medios de vida de las comunidades, conectando desde la raíz.

No nos interesa solo comunicar por comunicar. Lo nuestro es comunicación regenerativa como aquella que regenera las relaciones entre lo humano con la naturaleza. Una práctica que cuida la vida en los territorios, que devuelve dignidad a las narrativas, que sana las heridas de la exclusión y cultiva sentido de pertenencia.

Pero regenerar sin recursos es como querer sembrar en tierra agotada, sin agua, sin herramientas, sin sol y aunque la vocación nos ha llevado lejos, también nos ha dejado al borde del agotamiento. Porque el amor no basta. Porque el compromiso no reemplaza condiciones. Porque la vocación —cuando es lo único que tenemos— empieza a doler.

Es así que hemos descubierto que romantizar la precariedad es normalizar el abandono, pues nos dicen: —“Lo que ustedes hacen es increíble y sin recursos.” Lo dicen como si fuera un elogio. Pero lo que debería indignar se vuelve consuelo. Lo que debería impulsarse se deja a la deriva. Y lo que debería cuidarse se exprime hasta que ya no queda más.

¿Qué pasa cuando el esfuerzo infinito se convierte en expectativa institucional? ¿Qué pasa cuando lo gratuito se vuelve excusa para no invertir, no apoyar, no reconocer?

Pasa que los procesos comunitarios se interrumpen.
Pasa que los liderazgos se desgastan.
Pasa que las organizaciones mueren lentamente, sin que nadie lo note.
Pasa que se pierde lo más valioso: la confianza, la continuidad, la raíz.

Sin voluntad de los que sostienen las políticas públicas institucionales, será muy difícil seguir construyendo vida en los territorios.

¿Qué necesitamos para que lo nuestro no muera de vocación?

Las organizaciones sociales, y especialmente las que trabajan desde la comunicación desde todos sus escenarios, necesitamos mucho más que buena voluntad:

Modelos económicos que no contradigan nuestro propósito.

Que podamos combinar financiamiento con autonomía. Que vender no implique traicionar. Que generar ingresos no nos quite credibilidad.

Alianzas reales, no extractivas.

Basta de ser “aliados” que solo sirven para llenar informes. Queremos cooperación horizontal, donde también nuestras agendas importen.

Políticas públicas que reconozcan lo que aportamos.

El trabajo comunitario no es voluntariado eterno. La comunicación regenerativa es un servicio esencial para la vida, la cultura y la biodiversidad.

Cuidados colectivos como eje organizativo.

No más héroes agotados. No más lideresas invisibles. El cuidado emocional, espiritual y físico del equipo debe ser parte del plan estratégico.

Formación en sostenibilidad sin perder lo territorial.

Necesitamos aprender a sostenernos sin desconectarnos de nuestras raíces. Sin convertirnos en empresas ni ONG sin alma.

Comunicación regenerativa no es solo contar historias. Es reparar tejido. Es sembrar futuro en el presente. Pero para eso se necesita más que espíritu: se necesitan recursos, respeto, acompañamiento y voluntad política. No se puede regenerar lo común desde la precariedad individual.

La vocación no debe ser un sustituto del presupuesto. La gratuidad no debe ser un castigo disfrazado de virtud. Lo gratuito sale caro cuando el que lo entrega todo no tiene cómo sostenerse.

Si los procesos sociales desaparecen, no es porque les faltó compromiso. Es porque les sobró soledad.

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