Cultura
Cuando lo gratuito sale caro: la trampa de la vocación en los territorios
Siempre surge la pregunta del millón, ¿Cómo te sostienes en la organización? La respuesta surge en automático: Aquí todo es gratuito.
No cobramos por enseñar a narrar el territorio, ni por tejer la palabra con los pueblos, ni por abrir los micrófonos a quienes nunca han tenido voz.
No cobramos porque creemos en lo que hacemos. Pero lo que no se ve —o no se quiere ver— es quién paga el precio de esa gratuidad.
Desde hace más de 13 años, Vía3Tv ha sostenido con dignidad y terquedad un movimiento llamado Escuela de Comunicación Vía3Tv que no solo informa: regenera e impulsa los medios de vida de las comunidades, conectando desde la raíz.
No nos interesa solo comunicar por comunicar. Lo nuestro es comunicación regenerativa como aquella que regenera las relaciones entre lo humano con la naturaleza. Una práctica que cuida la vida en los territorios, que devuelve dignidad a las narrativas, que sana las heridas de la exclusión y cultiva sentido de pertenencia.
Pero regenerar sin recursos es como querer sembrar en tierra agotada, sin agua, sin herramientas, sin sol y aunque la vocación nos ha llevado lejos, también nos ha dejado al borde del agotamiento. Porque el amor no basta. Porque el compromiso no reemplaza condiciones. Porque la vocación —cuando es lo único que tenemos— empieza a doler.
Es así que hemos descubierto que romantizar la precariedad es normalizar el abandono, pues nos dicen: —“Lo que ustedes hacen es increíble y sin recursos.” Lo dicen como si fuera un elogio. Pero lo que debería indignar se vuelve consuelo. Lo que debería impulsarse se deja a la deriva. Y lo que debería cuidarse se exprime hasta que ya no queda más.
¿Qué pasa cuando el esfuerzo infinito se convierte en expectativa institucional? ¿Qué pasa cuando lo gratuito se vuelve excusa para no invertir, no apoyar, no reconocer?
Pasa que los procesos comunitarios se interrumpen.
Pasa que los liderazgos se desgastan.
Pasa que las organizaciones mueren lentamente, sin que nadie lo note.
Pasa que se pierde lo más valioso: la confianza, la continuidad, la raíz.
Sin voluntad de los que sostienen las políticas públicas institucionales, será muy difícil seguir construyendo vida en los territorios.
¿Qué necesitamos para que lo nuestro no muera de vocación?
Las organizaciones sociales, y especialmente las que trabajan desde la comunicación desde todos sus escenarios, necesitamos mucho más que buena voluntad:
Modelos económicos que no contradigan nuestro propósito.
Que podamos combinar financiamiento con autonomía. Que vender no implique traicionar. Que generar ingresos no nos quite credibilidad.
Alianzas reales, no extractivas.
Basta de ser “aliados” que solo sirven para llenar informes. Queremos cooperación horizontal, donde también nuestras agendas importen.
Políticas públicas que reconozcan lo que aportamos.
El trabajo comunitario no es voluntariado eterno. La comunicación regenerativa es un servicio esencial para la vida, la cultura y la biodiversidad.
Cuidados colectivos como eje organizativo.
No más héroes agotados. No más lideresas invisibles. El cuidado emocional, espiritual y físico del equipo debe ser parte del plan estratégico.
Formación en sostenibilidad sin perder lo territorial.
Necesitamos aprender a sostenernos sin desconectarnos de nuestras raíces. Sin convertirnos en empresas ni ONG sin alma.
Comunicación regenerativa no es solo contar historias. Es reparar tejido. Es sembrar futuro en el presente. Pero para eso se necesita más que espíritu: se necesitan recursos, respeto, acompañamiento y voluntad política. No se puede regenerar lo común desde la precariedad individual.
La vocación no debe ser un sustituto del presupuesto. La gratuidad no debe ser un castigo disfrazado de virtud. Lo gratuito sale caro cuando el que lo entrega todo no tiene cómo sostenerse.
Si los procesos sociales desaparecen, no es porque les faltó compromiso. Es porque les sobró soledad.
