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La cultura en el gobierno de Gustavo Petro: avances, tropiezos y el muro del Congreso
En medio de un escenario político polarizado y con una de las tasas más bajas de éxito legislativo de las últimas décadas, la gestión cultural del gobierno de Gustavo Petro se ha convertido en uno de los campos donde el llamado “Gobierno del Cambio” ha logrado mostrar avances concretos, aunque no exentos de críticas, retrasos y desafíos estructurales.
Un contexto adverso para legislar
Entre 2022 y 2025, el gobierno de Petro ha logrado aprobar aproximadamente el 29 % de los proyectos de ley presentados por el Ejecutivo, una cifra significativamente inferior a la de gobiernos anteriores: Iván Duque alcanzó cerca del 49 %, mientras que Juan Manuel Santos superó el 60 % en su primer mandato. Esta limitación ha tenido un impacto directo en sectores como la cultura, donde muchas transformaciones dependen de marcos legales estables y consensos amplios en el Congreso.
En 2025, esta dificultad se profundizó: durante el segundo semestre, la efectividad legislativa del Ejecutivo cayó incluso por debajo del 5 %, reflejando un ambiente político poco favorable para reformas estructurales.
Aciertos: más recursos y una visión territorial
Pese a este escenario, el balance cultural muestra avances relevantes. El primero es el aumento histórico del presupuesto destinado a cultura, que según cifras oficiales se triplicó frente a años anteriores. Este incremento permitió ampliar programas de formación artística, fortalecer procesos comunitarios y llevar recursos a regiones históricamente marginadas del circuito cultural nacional.
Uno de los principales logros del gobierno fue la descentralización de la inversión cultural, con énfasis en municipios rurales, comunidades afrodescendientes, indígenas y procesos culturales de base. En contraste con políticas anteriores, la cultura dejó de concentrarse exclusivamente en grandes ciudades y eventos emblemáticos.
Asimismo, la aprobación de la Ley Artes al Aula en 2025 marcó un hito al incorporar la educación artística como componente obligatorio del sistema educativo público, apostándole a la cultura no solo como entretenimiento o patrimonio, sino como eje formativo y social.
Desaciertos y críticas: ejecución, sostenibilidad y comunicación
No obstante, los avances presupuestales y normativos no han estado libres de cuestionamientos. Diversos sectores culturales han señalado problemas de ejecución, retrasos en desembolsos y falta de claridad en algunos criterios de asignación de recursos. El aumento del presupuesto no siempre se tradujo en impactos inmediatos o sostenibles en todos los territorios.
A esto se suma una debilidad en la articulación institucional y una comunicación pública poco eficaz, que en ocasiones priorizó el discurso político sobre la evaluación rigurosa de resultados. Algunas cifras oficiales han sido cuestionadas por su falta de verificación independiente, lo que ha generado desconfianza en parte del sector cultural.
Además, la limitada capacidad legislativa del gobierno ha impedido consolidar reformas culturales de largo plazo, dejando varias iniciativas en el terreno de decretos, programas piloto o políticas vulnerables a futuros cambios de gobierno.
¿Cómo percibe la ciudadanía la gestión cultural?
Aunque no existen encuestas nacionales que midan de forma específica la aprobación de la política cultural, la aprobación general del presidente Gustavo Petro en 2025 osciló entre el 30 % y el 37 %, lo que influye indirectamente en la percepción de todas las áreas de su gobierno, incluida la cultura. Esta falta de mediciones sectoriales revela, a su vez, una deuda histórica: la cultura sigue siendo un ámbito poco evaluado desde la opinión pública.
Las apuestas que deben implementarse
De cara al cierre del gobierno y a futuros escenarios, expertos coinciden en varias apuestas necesarias:
- Fortalecer la ejecución y evaluación, con indicadores claros de impacto cultural y social.
- Blindar las políticas culturales con marcos legales estables, buscando consensos mínimos en el Congreso que trasciendan gobiernos.
- Profesionalizar la gestión cultural territorial, acompañando a municipios y organizaciones para evitar la improvisación.
- Medir la percepción ciudadana sobre la cultura, incorporando este sector en encuestas nacionales de opinión.
- Consolidar la cultura como política de Estado, y no solo como bandera ideológica o coyuntural.
Un balance con matices
La gestión cultural del gobierno de Gustavo Petro no puede leerse en blanco y negro. Ha habido avances reales en inversión, enfoque territorial y reconocimiento de la cultura como derecho, pero también limitaciones políticas, fallas de ejecución y dificultades para asegurar sostenibilidad.
En un país donde la cultura suele ser la primera víctima de los recortes y la última en la agenda pública, el debate abierto durante este gobierno —con sus aciertos y desaciertos— deja una lección clara: sin estabilidad institucional y sin consensos políticos, incluso las apuestas culturales más ambiciosas corren el riesgo de quedarse a medio camino.